lunes, 30 de marzo de 2015

Capítulo 7: Autocontrol.

Cuando me despierto, me inundan los ojos un rayo de luz cálida, a través de las cortinas anaranjadas de la habitación. Me desembarazo de las últimas telarañas del sueño y me incorporo despacio, con una dulce sensación de agujetas en la parte de debajo de mi tronco.
¿Por qué tendré estas agujetas?
Y entonces, mis ojos se abren de golpe casi involuntariamente. Me quedo inmóvil en la cama, procurando no hacer el más mínimo ruido, y miro por encima de mi hombro derecho al chico que está durmiendo, plácidamente,  a mi lado.
Quién diría que es el mismo que horas atrás… el mismo que... me ruborizo, y no dejo de extrañarme por eso, pero enseguida sacudo esa sensación de mi mente, y me obligo a pensar en frío. Este es el chico al que tienes que matar, me digo. Eres Kira.
Sin embargo, permanezco mirándole, atrapado en las facciones de su rostro perfecto, blanquecino, casi enfermizo, misterioso. Me acerco muy, muy despacio hasta que de él solo me separan un par de centímetros, y percibo una leve cicatriz que cruza su párpado derecho. Apenas se nota, y sería imposible fijarse en ella a no ser que tuviera los ojos cerrados.
Dormido, L entreabre los labios, levantando levemente la barbilla había mí. Un mechón de su pelo azabache se desliza, silencioso, por su frente lisa y por delante de sus ojos.
No puedo evitar ponérselo detrás de la oreja con mis dedos, temblorosos y torpes.
Podría permanecer mirándolo durante horas…
Sumido en esta sensación de placer y apatía, cierro los ojos, aún frente a mi enemigo, y disfruto sin querer de este momento. Un momento después, al volver abrirlos, me encuentro con los suyos, negros, viscerales, fijos y enormes ojos.
Mi corazón lucha por salir de mi pecho, y noto la sangre subirme a las mejillas, pero aún así tardo en apartarme.
Y cuando lo hago, algo dentro de mí se muere.
Me siento en la cama de espaldas a él, con la respiración agitada y el sudor perlándome la frente y la espalda. Evito mirarle, aunque me muero de ganas de verlo, tumbado entre mis sábanas, casi tan blanco como ellas, con sus labios entreabiertos y sus ojos en frías llamas. 
Y entonces me delato a mí mismo. Por si no era suficiente el rubor de las mejillas y la agitación del cuerpo, noto que algo en mí comienza a calentarse. Y a erguirse.
Mierda, ahora no, joder. Pienso.
Me muerdo el labio y frunzo el ceño de la frustración. Solo espero que no lo note.
Oigo un sutil siseo de sábanas tras de mí, y rezo porque L no se asome y vea mi… reacción.
-Light.-De nuevo, su voz en mi nuca me eriza el vello de todo el cuerpo, y no hace que me baje la erección. –No deberíamos… ¿vestirnos?
Pone su mano, helada, sobre mi hombro. Entonces, inevitablemente, se me viene a la mente su imagen, agazapado detrás de mí, mordiéndome el cuello, desnudo, frío, pero caliente…
-Tienes mucha razón.-Resuelvo con rapidez. Deberíamos hacerlo… ya.
Continúo dándole la espalda, aunque noto la cadena de las esposas tensa a mi derecha, como llamándome desde el otro lado. Pero lo ignoro.
Me visto rápido, con la sensación de que L me observa. Ni siquiera sé si él se está vistiendo, o es sumamente silencioso.
Una vez vestido, permanezco de espaldas a él, incómodo.
-Light… ya puedes girarte.
Pero tengo miedo de que sea otra de sus trampas. Y de nuevo, no puedo permitirme que destroce mis planes. Mente fría, Light, mente fría.
-No hasta que salgas.
Oigo un silencio detrás de mí, y solo lo interrumpe la puerta, al abrirse. Siento un leve tirón de mi muñeca, y lo sigo de espaldas sin girarme, hasta que salgo. Ya fuera, sigo evitando cualquier contacto visual con él.
A partir de ahora deberá ser así. Tengo que acabar con él, tengo que acabar esto ya, y sé que cada vez me será más difícil.
Nos sentamos a desayunar en una mesa común, reunidos de nuevo todos los oficiales con nosotros. En la mesa reina un silencio incómodo, pero aún es más incómodo el silencio que hay entre L y yo. Actúo con normalidad, sin mirarle, ignorándole, completamente. No puedo permitirme las reacciones que él provoca en mi cuerpo, no puedo dejar que vuelva a pasar lo que pasó anoche, le estoy dando el control sobre mi cuerpo, y él no debe tenerlo. Yo lo tendré. Soy Kira.
No dejaré que controles mi cuerpo, L.
Y mucho menos mi corazón.

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